Entradas con la etiqueta ‘Microrrelatos’

“CINCELADO”

Escrito: 25 octubre 2020 por Raúl (Administrador)
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Era su primer día en aquella celda, en aquel horror que ahora lo rodeaba por doquier.

Miedo, espanto, pavor…

Se sentía atenazado y lo desbordaba el pánico cada vez que su pensamiento caía en la cuenta de que, en cualquier momento, el ominoso carcelero de rostro cadavérico vendría para castigarlo. Cualquier ruido o movimiento fuera de su mazmorra lo interpretaba como seña inequívoca de la llegada de su verdugo, por lo que, tanto dormido como despierto, su vida estaba protagonizada por esa misma pesadilla en la que terminaba sucumbiendo a la sádica voluntad de ese psicótico con porra.

―Unas pisadas ―pensó aterrorizado al tiempo que se arrastraba hasta el rincón de la celda más alejado de su entrada. Seguir leyendo»

“VERDAD”

Escrito: 19 abril 2020 por Raúl (Administrador)
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Nunca había contemplado tanta verdad en una mirada, en una caricia, en un abrazo.

Una verdad fresca que ponía ante él un mundo completamente nuevo y lleno de posibilidades. Una verdad nunca antes experimentada que se aliaba con la ilusión de un buen puñado de planes por hacer. Una verdad necesaria que llegaba justo en el mejor momento.

Su vida, protagonizada por una mentira tácita, se precipitaba trémula hacia un vacío que lo asfixiaba. Un vacío infinito, oscuro como una noche tupida, donde resultaba imposible encontrar algo a lo que agarrarse, algo que diera un poco de aliento a un alma ya de por sí acongojada. Día a día lágrimas vertidas por una mentira callada que no hacían sino restar cada vez un poco más de vida a su espíritu maltrecho. Seguir leyendo»

“EL ÚLTIMO INFORME”

Escrito: 26 mayo 2019 por Raúl (Administrador)
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―¿Vas a venir o no? ―le insistió por última vez con tono perentorio.

―Te he dicho que no ―afirmó algo cansado―. Tengo que terminar este puñetero informe.

―De verdad que no te entiendo, Ismael. Estoy cansada de ir sola a todo y, sobre todo, de verte siempre así.

―¿Así cómo? ―preguntó tratando de sonar incrédulo.

―Estresado, irritado, ocupado, infeliz, mal…―expresó dejando claro que la lista podía ser aún más larga.

―¿Y qué te digo, Carmen? ―se quedó en silencio durante unos segundos―. Este trabajo…

―¡Deja de utilizar la excusa de siempre! ―le espetó interrumpiéndolo antes de que terminara la frase que tantas veces había usado en el pasado―. Está en ti la posibilidad de cambiarlo o dejar que te consuma la salud. Tú sabrás, pero yo ya no puedo más ―sentenció dando un sonoro portazo y marchándose, como siempre, sola. Seguir leyendo»

“AUSENCIA”

Escrito: 23 septiembre 2018 por Raúl (Administrador)
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Habían sido muchas las veces que Jorge se había sentido ausente de su propia vida, recluyéndose sin tomar decisión alguna sobre su futuro, dejando que el pasado lo atara en el presente y lo llevara a la deriva hacia un destino desconocido. Aun así, siempre había sido consciente de ello, siempre había sabido que estaba viviendo una vida huera convertida en una isla en la que vivía náufrago.
Empero, esa consciencia no la tuvo en esta ocasión. Ufano, llegaba a casa a eso de las 00:30, regodeándose por el hecho de que volvía pronto tras la boda de uno de sus mejores amigos y no habiendo bebido demasiado. Estaba seguro de conseguir evadir la resaca del día siguiente. Se lavó los dientes con diligencia, se despojó de las ataduras de la corbata y de ese último botón de la camisa que tan odioso resulta y se metió en la cama. Quería levantarse temprano y no se acostaba a mala hora, por lo que el regocijo era cada vez mayor. Seguir leyendo»

“ATERRADOS”

Escrito: 24 agosto 2018 por Raúl (Administrador)
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Aún era de noche, rondaban las 5 de la mañana y, aunque el frío arreciaba, Jorge y su amigo Andrés ya estaban preparados para comenzar la etapa del día. Llevaban meses preparando la peregrinación a Santiago que habían comenzado hacía sólo 2 días, y siempre habían mostrado gran ilusión por comenzar una de las etapas por la noche.

—¿Lo has cogido todo? —preguntó Jorge antes de dejar atrás aquel albergue en el que, de forma desconcertante, se mezclaban el olor a pies con la excelsa amabilidad de todos y cada uno de los peregrinos.

—Sí, todo —se limitó a decir Andrés con aspereza.

Pasados unos minutos, y tras atravesar las diferentes dependencias del albergue con gran sigilo para no interferir en el descanso de los agotados caminantes, ambos se encontraban ya poniendo un pie tras otro en dirección a Pontevedra. Seguir leyendo»