VERDAD

Escrito: 19 abril 2020 por Raúl (Administrador)
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Nunca había contemplado tanta verdad en una mirada, en una caricia, en un abrazo.

Una verdad fresca que ponía ante él un mundo completamente nuevo y lleno de posibilidades. Una verdad nunca antes experimentada que se aliaba con la ilusión de un buen puñado de planes por hacer. Una verdad necesaria que llegaba justo en el mejor momento.

Su vida, protagonizada por una mentira tácita, se precipitaba trémula hacia un vacío que lo asfixiaba. Un vacío infinito, oscuro como una noche tupida, donde resultaba imposible encontrar algo a lo que agarrarse, algo que diera un poco de aliento a un alma ya de por sí acongojada. Día a día lágrimas vertidas por una mentira callada que no hacían sino restar cada vez un poco más de vida a su espíritu maltrecho.

Pero una mirada verdadera que, contumaz, fue capaz de anular con luz propia tan profunda oscuridad, llamó su atención. No sabía si aproximarse a ella o, por el contrario, seguir precipitándose en caída libre. No era la primera luz que lo atraía y, por experiencias pasadas, sabía que a veces podían resultar tan cegadoras y engañosas que podían llegar a doler más que una caída eterna. Pero lo cierto es que no podía dejar de contemplarla y quedarse ensimismado con ella como un sediento ante un oasis en pleno desierto. ¿Estaría ante nuevos y decepcionantes cantos de sirena? ¿Se trataría de un nuevo oasis y, al acercarse, no estaría más que ante otro paraje seco, yermo e incapaz de saciar su sed?

Audaz pero cauto a un tiempo, quiso aproximarse con sigilo para comprobar la esencia de esa realidad que se imponía ante él con sumo poder. Unos pasos inciertos lo iban acercando cada vez más a ella y su corazón rebotaba contra su pecho causándole pavor. La luz estaba cada vez más cerca e iba notando cómo la temperatura iba subiendo de un modo que resultaba agradable, acogedor. Una extraña seguridad se estaba apoderando de él y fue entonces cuando su valentía se derrumbó. No se sentía merecedor de esa calidez abrumadora que podía ser su salvación y se detuvo, pero sin dejar de admirarla y disfrutando de ella en la distancia como de un placer prohibido. Comenzó a acostumbrarse a tener cerca ese brillo que, aunque distante, insuflaba vida y calentaba unos huesos helados por la penumbra en que habían estado sumidos.

La oscuridad que otrora lo había atrapado se iba alejando y, como una pesadilla perturbadora que con el paso del día se va haciendo cada vez más difusa, caía poco a poco en el olvido. El frío fue dejando paso a la calidez, el miedo a la seguridad, la distancia a la cercanía. Y es que esa luz, ese brillo, esa salvación, decidió corresponder la fe que había puesto en ella, derribar esa distancia marcada por vanos temores, acercarse a él y envolverlo con un halo de verdad tal que ya no habría lugar para sufrimientos de otro tiempo.

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