CRÍTICA RESTAURANTE ENEPERI JATETXEA

Escrito: 23 marzo 2019 por Raúl (Administrador)
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En agosto de 2017 tuve la suerte de viajar al País Vasco. Fueron muchas las visitas dignas de repetir y muchos los restaurantes donde pude disfrutar de la exquisita gastronomía vasca. No obstante, también hubo algunos “peros”, y uno de ellos versa sobre el restaurante Eneperi Jatetxea. A continuación, os dejo con la crítica que escribí en Tripadvisor minutos después de abandonar el local:


“Comimos en la parte del restaurante, no en la barra de pintxos ni en la zona de mesas autoservicio. La ubicación es, sin ningún género de dudas, inmejorable, pero, a partir de ahí, se pueden resaltar bastantes defectos. La comida puede calificarse de correcta, si bien la mayor excelencia de la misma viene dada por la buena calidad del producto, resultando complicado atribuirle mérito alguno a su elaboración, que se limita a lo tradicional sin mayores complicaciones. Y esto, en sí mismo, no sería en absoluto negativo si no fuera porque hubiera un inadecuado trato al producto, como es el caso: unas simples patatas fritas te las sacan pasadas de fritura (olvidaos de encontrar patatas crujientes por fuera y melosas por dentro, son todo crujiente) o un solomillo pedido al punto lo sacan marcado en exceso por fuera y totalmente crudo por dentro. A pesar de estos defectos, no obstante, la comida es agradable de comer, ya que la calidad del producto, como bien he mencionado antes, hace todo el trabajo por ellos. Abordemos ahora el principal talón de Aquiles del restaurante: el servicio. A los 5 minutos de estar sentados a la mesa nos encontramos, como si del camarote de los hermanos Marx se tratase, rodeados de camareros-runners que no cesaban de correr de un lado a otro, ávidos de llegar a una meta invisible que lejos de confortar al cliente lo sumen en un desconcierto y estrés que provocan cierta indigestión. A ello, por si fuera poco, se suman el desdén y la desgana con los que fuimos tratados por los tres camareros que nos atendieron, cosa inconcebible en cualquier restaurante pero que, en el caso que nos ocupa, roza aún más la incredulidad debido al alto precio de todos y cada uno de los platos. Cítese como ejemplo que, mientras abandonábamos el local tras comer, hasta dos de los apresurados camareros me empujaron al pasar a mi lado, aspecto éste que podría obviarse si hubiese ido acompañado de unas disculpas que nunca llegaron. La amabilidad y la educación, en definitiva, brillaron por su ausencia, aspectos todos ellos que contribuyen sin duda a mi certera convicción de no volver a pisar el local en caso de que en el futuro vuelva a tener el privilegio de visitar la zona”.

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