CON LOS PIES EN EL SUELO

Escrito: 31 enero 2014 por Raúl (Administrador)
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Aquí me hallo, una vez más, frente al pavor que causa la hoja en blanco y desbordado por una serie de sentimientos encontrados.
Ante hechos extraordinariamente positivos, como los que he tenido la suerte de vivir en los últimos meses, uno va experimentando cómo la euforia inicial que hace que todo desprenda un halo de sempiterna perfección, va dando paso a la más mortal de las normalidades, aquella en la que las imperfecciones empiezan a salir a la luz, aquella en la que debes enfrentarte día a día a múltiples realidades y exigencias a las que, como diría el mismísimo Darwin, debes adaptarte si deseas sobrevivir.  Es el momento en que vuelven a resurgir viejos miedos, o en el que otros nuevos empiezan a nacer con enorme beligerancia; es el momento en el que compruebas que tu autoexigencia para alcanzar la mayor de las perfecciones es vana, inútil, pues tal cosa no es más que una entelequia producto de las mentes mas ingenuas; es el momento en el que más te cuesta alcanzar la satisfacción plena, pues siempre falta algo que impide redondear cada instante; es el momento en el que dejas que te domine el temor a perder aquello sin lo cual piensas que eres incapaz de vivir, sin ser consciente de que alimentando ese miedo lo único que conseguirás es, precisamente, convertirlo en realidad; es el momento en el que dudas de ti, de tu valía a todos los niveles, porque te falta la valoración diaria de quien mas te importa, sin ser consciente de que es injusto dudar de uno por tal motivo; es el momento, en definitiva, de vivir.
Sí, de vivir, porque qué es la vida si no eso, aprender a convivir con los aspectos buenos y no tan buenos de la misma, aprender a disfrutar de los primeros y, con ayuda de ellos, adaptarte a los segundos. Porque es solo así, con los pies en el suelo, que la vida es posible. Llegó la hora de afrontar la realidad y de ver que no todo es tan bonito como pueden hacer pensar los acontecimientos extraordinarios vividos; llegó la hora de darse cuenta de que no hay maniqueísmo posible, de que no solo existe el bien y el mal, o el blanco y el negro, ya que la vida está llena de matices grises y, por tanto, uno debe buscar el matiz de gris preferido y luchar por asentarse en él con firmeza y la mayor de las energías en pos de superar todos los avatares venideros.  De hecho, cuando menos lo esperas llega tu momento, tu oportunidad de librarte de las pesadas cadenas, tu oportunidad de cambiar las cosas, de labrar el camino en busca del que, para ti, será el matiz de gris perfecto. Por suerte, puedo decir que esa oportunidad me ha sido brindada por una persona procedente de un maravilloso país y, como no podía ser de otra manera, no pienso desaprovecharla.
Habrá quienes tilden este post de negativo, pero discreparé con todos ellos, pues para mí es una visión realista que pretende, únicamente, realizar un ejercicio con el que poder tomar conciencia de las dificultades con las que diariamente nos encontramos y de la importancia que tiene el mantener siempre una actitud positiva para hacer frente a las mismas.

Luces y sombras,
tristezas y alegrías,
esa es la vida,
lo demás que te digan, una utopía

Dudo de todo, certeza de nada,
incertidumbres hay miles;
nada es seguro, todo es dudoso,
pero así el mundo es más hermoso

Tras este ejercicio de toma de conciencia, solo me resta animaros a disfrutar de la vida armándose de valor para superar las dificultades que surjan y deleitándose con las buenas experiencias en compañía de las personas más queridas, pues solo así, mediante esa lucha diaria por alcanzar tan deseado equilibrio, la vida adquiere todo su sentido.

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