EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Escrito: 30 diciembre 2013 por Raúl (Administrador)
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Pensaba que todo había acabado para mí, tras tanto daño, tras tanto dolor, creía que nada bueno me quedaba por vivir…
Así pasaba mis días, entre sollozos y en un constante sufrimiento, mirando siempre de reojo esa toalla que tantas veces pensé arrojar al sangriento cuadrilátero en que se había convertido mi vida. Estaba derrotado, sin ilusión, sin esperanza. Todo había acabado para mí…o no… Porque allí estaba, al final de tantas cosas, encadenado en una sombría celda de la que parecía que jamás escaparía, intentando con denuedo atravesar esos barrotes y romper esas cadenas que prolongaban hasta el más infinito de los infiernos mi terrible agonía, cuando entre la más oscura de las sombras vislumbré un recoveco, acerté a encontrar como sólo puede hacerse en estos casos mediante el tacto de mis cansadas manos, lo que parecía ser una grieta por la que se filtraba algo de luz, un fulgor al que necesitaba agarrarme como fuera con tal de escapar de allí. En un principio, no era más que un fino destello débilmente filtrado a través de una minúscula grieta, un pequeño atisbo de esperanza al que agarrarme con la agonía propia del que está a punto de morir de asfixia, de modo que jamás pensé que esa sería la luz divina que me traería la mayor de las felicidades. No lo pensé, no, pero en ese momento era una posibilidad de salir de esa celda, así que tenía que probar, tenía que agotar esa oportunidad que, por otra parte, además, parecía la última. Y eso intenté hacer. Pero mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que no era yo quien iba hacia esa diáfana esperanza, sino que era ella la que venía hacia mí. Poco a poco, esa luminiscencia fue convirtiendo la pequeña grieta en una enorme brecha, y la brecha en una enorme abertura por la que haría su triunfal entrada con el único fin de rescatarme de tan triste cautiverio. La luz rodeó mis brazos y resquebrajó las cadenas, para posteriormente y con el más dulce y elegante de los pasos, guiarme hacia el exterior de la celda como solo haría el mayor de los sabios con el más ignorante esclavo de la platónica caverna. Esa luz me mostró todo un mundo que hasta entonces había permanecido oculto a mis ojos y a mi imaginación, me enseñó que otro modo de ver las cosas era posible, me enriqueció con la más elevada de las sabidurías, me instruyó, me hechizó y me transportó como únicamente hacen los ángeles a un país muy distinto a lo que ya conocía, un reino lleno de alegría, de optimismo, de verdad, de emoción. Me transportó al mismísimo país de las maravillas. Y fue en ese momento, en el primer día del presente mes de diciembre, cuando, estando yo embaucado por tan fascinante país, esa luz divina que respondía al nombre de Alicia se hizo carne, se metamorfoseó en la persona física que es ahora aunque sin perder un atisbo de su brillante divinidad. No podía creer cómo era posible estar en el país de las maravillas con la mismísima Alicia, como tampoco podía creer que ella se hubiera fijado en mí y me hubiera rescatado y guiado tan dulcemente hasta tan maravilloso reino.
Así las cosas, y por increíble que parezca, aquí estoy, en el país de las maravillas, demostrándome la vida con ello que justo cuando se piensa que todo ha acabado para uno, realmente la historia no ha hecho más que comenzar, que justo cuando una puerta se cierra se está ante la oportunidad de abrir otras muchas y de encontrar, tras alguna de ellas, la felicidad más genuina. Por ello, a todos los que penséis que ya se acabó todo os animo a que sigáis luchando, a que no perdáis nunca la esperanza ni la ilusión de que otro mundo es posible, y solo así y con esfuerzo lograréis encontrar a vuestra Alicia particular.

Gracias Alicia por hacer posible esta entrada, gracias por hacerme sentir todo lo que me haces sentir, gracias por guiarme hasta este maravilloso reino en el que actualmente resido y gracias por quererme y valorarme como solo tú has sabido hacerlo hasta ahora. 

Saludos a todos desde éste, mi país de las maravillas.

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  1. Alicia Torrejón says:

    Es la primera vez que algo que escriben sobre mí me hace llorar de alegría. Y no solo por tus palabras, sino por todo lo que ellas significan. Este será nuestro cuento particular que escribiremos juntos día a día.
    GRACIAS POR HACER REALIDAD ESTE PAÍS DE LAS MARAVILLAS 😀
    ¡Eres increibleeee, gracias por todo y más!

  2. Raúl (Administrador) says:

    Respuesta a Alicia Torrejón: tus lágrimas son las mías así como tu felicidad es la mía. Me alegro mucho de que hayas aparecido en mi vida y sí, juntos escribiremos nuestra historía particular día a día.

    Gracias de nuevo por hacer que las ideas y los sentimientos fluyan tan fácilmente y que, con ello, haya podido escribirte esta entrada.

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