SÓRDIDA TORTURA

Escrito: 23 septiembre 2012 por Raúl (Administrador)
Etiquetas:

Con motivo de la decisión de Televisión Española de volver a emitir corridas de toros (¡además en horario protegido!), y tras la indignación que ello ha despertado en mí (¡vaya cómo están cambiando las cosas en la televisión pública desde la vuelta del Partido Popular al poder!), no he podido evitar escribir una entrada que, debo confesar, llevaba muchos meses rondando por mi cabeza. Y es que las “fiestas populares” relacionadas con los toros, todas ellas, son abominables. Los más ortodoxos del lugar vienen a decir que es una tradición que se remonta muy atrás y que, por ello, no debe perderse. A eso yo digo: también era tradición en la Roma clásica presenciar cómo los gladiadores se mataban entre ellos y eso, estaremos todos de acuerdo, no justificaría que hoy día se siguiera permitiendo tan descabellada actividad. Otros te dirán que es un arte preciosista y colorido en el que se confrontan el hombre y el animal en un honesto y ecuánime enfrentamiento por ver quién es más fuerte. Un argumento igualmente estúpido porque ni el rojo de la sangre del astado puede ser considerado arte cual pinceladas del mas influyente de los pintores renacentistas, ni tampoco es un enfrentamiento ecuánime puesto que, a diferencia del hombre, el toro no elige voluntariamente estar ahí y, además y como bien se explicará mas adelante, no afronta esa lucha al 100% de sus posibilidades. Hay otros muchos argumentos y opiniones de los amantes de la tauromaquia, entre las cuales podemos incluir aquellas que critican la hipocresía de los que, como yo, se declaran antitaurinos. Y, aunque es cierto que puedo asumir tales diatribas en tanto que muchos de los que criticamos este “arte” nos alimentamos de animales, es evidente que, entre otras diferencias, una y otra actividad no tienen similar finalidad: en un caso, el fin es alimentarse, aportar al cuerpo lo que necesita para tener una mejor calidad de vida y sobrevivir el máximo tiempo posible; en el otro caso, en cambio, el fin es crear un sórdido espectáculo con el que entretener al público y favorecer y permitir el enriquecimiento de unos pocos. Así que señores amantes de la tauromaquia, no, no es lo mismo. Expresados e invalidados algunos de los principales argumentos de quienes defienden estas actividades, paso ahora a argüir los dos más importantes que defienden mi postura:

  • Es de perogrullo decirlo, pero como al parecer a muchos se les olvida, voy a decirlo: los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás. Uno no puede justificar su derecho a disfrutar de un supuesto espectáculo a costa de pisotear los derechos de los animales. También es cierto que este argumento pierde peso cuando intentas defenderlo ante personas que piensan que los animales no tienen derechos o, peor aún, que el toro apenas sufre con las torturas a las que lo someten.
  • A veces, incluso entre quienes apoyan este tipo de actividades, se desconoce el alcance de la tortura a la que es sometido el toro, y creo que saber esto es algo muy importante para tener una visión aún más realista de este injusto, absurdo e injustificado sufrimiento. Centrándome en las corridas de toros, paso a describir a continuación el crudo y ominoso proceso por el que pasa el animal hasta alcanzar la muerte (esta descripción es un resumen de la que se puede encontrar en el portal Web Change, el cual se dedica a recoger peticiones y firmas de los ciudadanos para intentar cambiar todo aquello que puede parecernos injusto; entre otros motivos, se puede firmar para que Televisión Española deje de emitir estas deleznables corridas o para conseguir abolir la “fiesta nacional” que tanta vergüenza nos genera a una gran cantidad de ciudadanos, por lo que os animo a que lo visitéis y firméis con la esperanza de que podamos cambiar el estado de las cosas): el astado es apartado de su hábitat, metido en un remolque estrecho con la cabeza ladeada y atada para sacar los pitones fuera del mismo, y posteriormente es “encarcelado” en el chiquero. Llega a perder entre 40 y 50 kilogramos de peso debido al estrés al que es sometido hasta el momento de salir a la plaza, siendo encerrado a oscuras 24 horas antes de ese momento para que la imagen del toro en el ruedo sea la de un animal feroz, cuando en realidad solo está asustado por la luz y los gritos del público y lo que desea es huir. Se le recortan los cuernos y se le hace llegar débil al momento de salir a la plaza (mediante sulfatos que le ponen en el agua para inducirle diarreas, golpes en testículos y riñones, etc.), para que así el torero pueda mostrar toda su bravura ante un animal que no está, en absoluto, al 100% de sus posibilidades. Una vez iniciada la corrida, y si el diestro observa que el animal embiste con demasiada energía y no lo deja manifestar gallardía frente a su público, entran en escena los picadores para desangrar al toro y debilitarlo aún más (se le clavan lanzas y banderillas que destrozan músculos y lesionan vasos sanguíneos y nervios, y además estas últimas están diseñadas para que la hemorragia no se interrumpa, ya que el gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y el peso de las mismas está pensado para que cumplan similar función en caso de que el animal no se mueva como sería deseable). Así las cosas, la pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro pueda levantar su cabeza con normalidad, y es en ese momento cuando el torero aprovecha para acercarse aún más y, con ello, exhibir su valentía ante el encomio de su público. Es ahí cuando el diestro se permite el lujo de dar sus artísticos pases con el capote y de “reírse” del animal al que tanto dice amar. Una vez que el torero se siente satisfecho y tiene al público entregado, es cuando atraviesa al animal con una espada de 80 cm de longitud que, dependiendo del lugar por el que penetre, puede destrozarle el hígado, los pulmones u otros órganos. Tras esto, y debido a la importante hemorragia interna, el toro empieza a agonizar entre enormes vómitos de sangre, llegando a darse casos en los que muere ahogado por éstos. Pero, si el astado tiene la mala suerte de no morir en este momento, la tortura puede ir un poco más allá (estos indecentes pueden recrearse hasta fines insospechados bajo la estúpida premisa de dar espectáculo a un público abyecto y sediento de sangre en el marco de un acto tradicional lleno de colorido y vistosidad): el toro es apuñalado en la nuca con el descabello, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cm y, finalmente, es rematado con la puntilla. Si tras leer todo este proceso por el que pasa el animal aún hay personas capaces de defender esta actividad, solo puedo decirles que jamás las entenderé y jamás aceptaré ninguno de los argumentos que puedan darme. Nada, y digo nada, puede justificar esta tortura sin límites. Nada, y digo nada, puede justificar a esos espectadores que alegres jalean a los verdugos de la arena, consiguiendo con ello únicamente merecer la misma condena de los que empuñan capotes, banderillas y espadas.

Queda claro, por tanto, cuáles son mi postura y mi deseo respecto a este tema. Es necesario, imprescindible, abolir estas prácticas medievales, dejar de identificar cultura y arte con actividades que deberían ser ilegales por crueles, dantescas e impropias de seres que, como los humanos, estamos dotados de capacidad para razonar y evitar hacer un daño innecesario con nuestras acciones. Estoy seguro de que estas prácticas están destinadas a desaparecer, que, a medida que este país avance culturalmente y las personas empiecen a crecer con otros valores, caerán en el olvido por la repulsa y el nulo interés que suscitarán en casi toda la población. ¿Pero cuánto puede tardar eso? ¿30, 40, 50 años? Por ello, y porque no se debe seguir permitiendo tal despropósito, hay que actuar para que esto se termine cuanto antes y hacer todo lo que esté en nuestras manos para conseguirlo. Cierto es que muchas veces todo se queda en palabras y resulta más cómodo no hacer nada, pero también es cierto que por la red se pueden apoyar con facilidad muchos movimientos en este sentido. Así que ánimo, contribuyamos en lo que podamos y empecemos a ser un país más civilizado del cual no nos tengamos que avergonzar al ser identificados en el extranjero con estas absurdas tradiciones.

Antes de despedirme, quería expresar mi alegría por retornar a las entradas de antes, por haber cerrado (de momento y espero que por algún tiempo más) el diario adolescente y haber empezado a escribir de nuevo sobre temas, creo yo, más interesantes, y aunque es cierto que ésta no va a ser la mejor de las entradas que haya podido escribir, eso no significa que no deba estar contento por este, para mí, ansiado retorno.

Un saludo y mil gracias a todos los que visitáis el blog. Parece mentira pero habéis conseguido que se superen ya las 17000 visitas.

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir con un amigo
  1. Alicia Torrejón says:

    Tengo que agradecer que haya personas como tu que defiendan los derechos de todos (incluidos animales) y que gracias a tus palabras muchas personas se den cuenta de lo horrible que resulta esta tradición.
    Esperemos, como dices, que se quede en una tradición pasada de moda y quede en solo un recuerdo.
    Entre todos debemos ayudar para que esto cambie. Yo he puesto mi granito de arena en “Change”. Entre todos podremos lograrlo aunque sea difícil porque, como en muchas cosas, detrás de esto se mueve mucho dinero.

    No quiero despedirme sin felicitarte por tu manera de escribir y lo bien que te expresas…. ¡Sea el tema que sea sabes desenvolverte muy bien y eso me encanta! Leerte se está convirtiendo en mi mejor pasatiempo

  2. Raúl (Administrador) says:

    Respuesta a Alicia Torrejón: no sabes cuanto me alegra que opines como yo en este tema, eso dice mucho de tí (aunque ya era consciente de lo increíble que eres antes de esta opinión), y me parece más que genial que tu también hayas puesto tu granito de arena. Respecto a tus felicitaciones, me llenan de júbilo porque es indescriptible lo que me hace sentir el que te guste lo que escribo y cómo lo escribo. ¡Y que bien que leerme se esté convirtiendo en tu mejor pasatiempo! Gracias, de verdad, gracias.