“EL HOMBRE: LA ÚLTIMA GRAN ESPERANZA” I

Escrito: 15 septiembre 2009 por Raúl (Administrador)
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Camino a las tinieblas

 

¡¡¡Pom, pom, pom!!!…
Al otro lado de la puerta alguien la golpeaba con enorme impaciencia y brusquedad. Instantes después, y tras haber recibido un fuerte golpe en la cabeza, se veía arrastrado por un par de corpulentos hombres fuera de su casa.
Eso es lo último que George, un hombre larguirucho y delgado, de pelo negro y con una barba que le otorgaba un aspecto desaliñado, recordaba tras haberse despertado magullado en el suelo de lo que parecía ser una especie de celda de tortura. Le llevó unos minutos recuperar la energía y consciencia necesarias para valorar su actual situación, percatándose entonces de que sus peores temores se habían hecho realidad. Habían pasado ya dos años desde que se afiliara a aquel partido clandestino y, desde entonces, no le había abandonado el temor que sentía ante la remota pero inquietante posibilidad de ser capturado y castigado por su rebeldía. De súbito, un dolor agudo le recorrió la nuca para pasar posteriormente a la cabeza y asentarse allí definitivamente. Pensó que tenía que deberse al golpe que le habían propinado en la cabeza antes de sacarle de su casa por la fuerza pero, en realidad, podía ser debido también a otros golpes que pudieron haberle propinado con posterioridad y que, a causa de su momentánea amnesia, no recordaba.
Echó un vistazo en derredor y empezó a contemplar con atención el lugar en que se encontraba. Y sí, efectivamente se trataba de una celda de tortura, o al menos se asemejaba mucho a lo que los camaradas de su partido le habían contado en numerosas ocasiones. Ellos las llamaban “las celdas de los horrores”, por los violentos métodos de tortura que se empleaban contra todos aquéllos que tenían el desgraciado honor de pasar por ellas. La celda contaba con un espacio muy reducido y su techo se encontraba a una altura considerable, no tenía sistema de ventilación alguno salvo una ventanilla en la parte más alta de una de las paredes, y en ella reinaba una oscuridad casi absoluta sólo interrumpida por los débiles rayos de luz que penetraban por la minúscula y ridícula ventana. Eso sí, George no sabía si esa luz era artificial o natural, por lo que tampoco sabía con certeza si era de noche o de día. Al otro extremo de su posición actual parecía haber un retrete. Esto lo intuía por el nauseabundo olor que procedía de esa dirección y que inundaba toda la celda. Intentó levantarse para comprobarlo pero se dio cuenta de que no le quedaban demasiadas fuerzas para embarcarse en tan descomunal aventura, así que prefirió quedarse sentado donde estaba para restablecerse en el mayor grado posible, pues puede que esas energías le hicieran falta más tarde para soportar lo que parecía era inevitable: ser torturado hasta límites desconocidos con el fin de hacerle confesar todo lo que sabía antes de enviarle directo al infierno.
Pronto empezó a sentir que la somnolencia hacía acto de presencia, cayendo en ese estado en el que uno no está ni dormido ni despierto y dando tumbos constantemente entre la crudeza de la realidad y el ingenuo placer del sueño. Finalmente se dejó llevar hasta quedar profundamente dormido.
No sabía cuánto tiempo había estado sumergido en el mundo de lo onírico, pero tenía la convicción de haber oído un grito ensordecedor que lo había hecho volver de nuevo a su celda de tortura. No obstante, no estaba seguro de si ese grito procedía de algún lugar físico o si era producto del miedo que le invadía. Podían ser los gritos de alguien que estaba siendo torturado o los gritos de su inconsciente pidiendo ayuda al anticipar lo que le esperaba. De lo que sí tenía la certeza era de que su organismo le estaba advirtiendo de una necesidad urgente de evacuación, de modo que procedió raudo a levantarse, notando sorprendido que parte de la fatiga anterior ya le había abandonado y que ahora se encontraba bastante recuperado físicamente, salvo por el dolor en la testa, que aún seguía ahí. Tal y como había intuido anteriormente el retrete se encontraba frente a él, de modo que, una vez lo hubo localizado tanteando con los manos por delante del cuerpo y medio en cuclillas, se sentó en el pestilente asiento. Fue grata la sensación que experimentó una vez terminada tan necesaria labor, pero ese bienestar marchó pronto al comprobar que no disponía de papel y que el retrete tenía la cisterna estropeada, de modo que sus deposiciones le harían compañía hasta que sus torturadores vinieran a hacerle alguna visita de cortesía y decidieran eliminarlas de algún modo. Dada la acumulación de heces que con seguridad debía producirse allí, ahora comprendía el por qué del horripilante olor que embargaba la celda, al que, por otra parte, empezaba ya a habituarse. Resignado a no poder terminar estas labores como es habitual, se volvió a poner la ropa y a sentarse en el mismo lugar en que se despertara la primera vez, con la incómoda y sucia sensación que en tal caso es comprensible experimentar.
La noción del tiempo hacía mucho que la había perdido, y la ausencia de información y de visitas empezaba a inquietarle más que el miedo mismo a la tortura.
Desconocía cuántas horas llevaba allí y cuántas más debería pasar antes de irse de este mundo, pero era consciente de que la incomunicación y la supresión de referentes temporales eran sólo algunos más de los tantos métodos de tortura psicológica que empleaba el Régimen. Empezó a pensar en los consejos que sus familiares le dieron en su momento y las advertencias que le hicieron por los riesgos a que se exponía:

– ¿Sabes donde te estás metiendo George? –le repetía constantemente su madre.

– Claro que sí mamá. Ya sabes lo que pienso: prefiero morir hoy mismo luchando por mi libertad y mi dignidad, que vivir cien años atado y obedeciendo las exigencias de este maldito Régimen.

– Pero… -dijo la madre dubitativa-. La verdad es que entiendo lo que me dices hijo mío, pero debes mirar por tu familia. ¿Sabes que tus dos hijos se pueden quedar huérfanos de padre? ¡Estás siendo un egoísta! Luchar por unos ideales tan inalcanzables cuando lo que debes hacer en realidad es luchar por tu familia.

Los ojos se le llenaban de lágrimas a la madre de George cuando hablaban de este tema, pero ahora entendía a la perfección lo que ésta le decía. Aún así, creía haber conseguido avances importantes con su labor en el partido, a pesar de haber estado en él sólo durante dos años. Y lo suyo le había costado. Recientemente, para evitar poner en peligro a su familia, se había visto obligado a vivir solo en un apartamento que los camaradas del partido le habían ofrecido. Decían que era seguro, aunque al final no resultó serlo tanto. Pero a pesar de todos los sacrificios, esperaba que sus hijos consiguieran zafarse de las influencias ideológicas del Régimen y desarrollaran el intelecto lo suficiente como para comprender lo importante que es luchar por la libertad y la dignidad humanas. Esto sería más que suficiente para que comprendieran el sacrificio de su padre.
Esta oleada de pensamientos que le atormentaban fue interrumpida súbitamente por el intenso ruido de una férrea puerta al abrirla y posteriormente cerrarla. A este ruido le siguieron los de unos pesados pasos que se acercaban a la celda de George y unos gemidos que eran muestra de dolor y cansancio. Pronto oyó cómo una llave era introducida en la cerradura de la puerta metálica de la celda, percatándose en ese momento de que ésta se situaba a su izquierda y que disponía únicamente de una pequeña rendija por la que, suponía, le suministrarían algo de alimento cuando lo creyeran necesario. Cuando la puerta se abrió, el aspecto de su celda cambió repentinamente por la cantidad de luz que penetró en ella. Mientras sus ojos se habituaban a tal cantidad de luz no pudo observar gran cosa de lo que pasaba a su alrededor, pero pasados unos segundos pudo ver cómo un guardia del Régimen, un hombre fornido, de rostro serio y facciones duras, arrastraba al que parecía que iba a ser su compañero de celda.

– ¡Qué peste joder!… –dijo el guardia con una voz grave-. Putas pocilgas de mierda…

Tras un silencio breve y algo tenso continuó hablando dirigiéndose ahora a ambos:

– Que sepáis que esto no es lo habitual pero están todas las celdas ocupadas, así que tendréis que compartir ésta mientras las cosas sigan así.

Hasta que matemos a uno de vuestros camaradas y quede vacía su celda, le faltó decir.

– De todas formas, sois todos unos hippies asquerosos y estáis acostumbrados a vivir entre porquería, así que no os importará estar juntos en este pequeño espacio. Sólo espero que no montéis ningún escándalo, pues de lo contrario os haré una visita que os aseguro no os va a gustar.

Dicho esto, salió de la celda dando un portazo tras de sí y cerrando la puerta con llave. Acto seguido, y una vez habituado a la recién instaurada oscuridad, George empezó a observar a su nuevo compañero, quien después de ser arrojado por el guardia al suelo se había arrastrado hasta sentarse a su lado. Era un hombre enjuto, maloliente, de nariz alargada, ojos claros y cabello rubio y corto y presentaba un aspecto demacrado que era el reflejo de crueles e interminables torturas. Al observar su cara, George se percató de que uno de sus ojos lo tenía completamente cerrado y morado. Además, presentaba múltiples heridas, algunas recientes y otras que empezaban ya a cicatrizar, y parecía no disponer de fuerzas ni para mover un solo dedo, por lo que le sorprendió enormemente que se arrastrara con tanto ímpetu hasta colocarse a su lado.

– ¿Cómo te llamas? –dijo el famélico hombre realizando un gran esfuerzo.

A George le resultó algo extraña la pregunta. ¿Importaba algo cómo se llamara o dejase de llamar teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encontraban?

– George. George Evans. ¿Y tú?

– Bonito nombre, te llamas como mi hermano. ¿Yo? Mi nombre es Frederic Golding. ¿Sabes que vamos a morir, no?

El rostro de Frederic reflejaba una expresión de indiferencia.

– Esa posibilidad es lo primero que te hacen saber cuando entras a formar parte del partido, ya lo sabes. Es algo con lo que ya contamos.

– ¿Cómo? ¿Qué es algo con lo que ya contamos? –contestó Frederic contrariado-. Mira, no sé cuánto llevarás en el partido ni me importa, pero yo he estado 10 putos años y me habían contado muchas cosas, pero nada de lo que te han contando se acerca ni lo más mínimo a lo que estos cabrones te hacen.

En ese momento se vio interrumpido por una tos profunda pero improductiva.

– ¿Estás bien? –preguntó George.

– Sí, no te preocupes camarada. Muchos años fumando tienen sus consecuencias. Aunque si hubiera sabido que me esperaba este final habría fumado más, y follado más, y….en fin, yo que sé. La verdad es que la vida es una puta mierda. Te dedicas en cuerpo y alma a luchar por tu libertad y por la de todos los demás, y al final la recompensa que recibes a cambio es esta interminable tortura.

A George no le sorprendía lo malsonante del lenguaje de su recién conocido compañero, pues era muy habitual en el partido encontrar a personas así. Personas excesivamente radicales con las que George no comulgaba demasiado, ya que corrían el riesgo de luchar por la libertad con la guerra y la violencia, de pensar que el fin justifica los medios. Pero eso de acabar la guerra con la guerra, era una idea que George no consideraba acertada.

– Pues sí, así es esta asquerosa vida –continuó Frederic entre gemidos de molestia y dolor-. Pero bueno, ahora toca resignarse y aceptar la muerte. Ahora bien, a esos malnacidos no pienso decirles ni una jodida palabra.

– Pero… ¿qué te han hecho? –interpeló George en un tono que denotaba gran preocupación.

– Mejor te dejaré comprobarlo por ti mismo –le replicó-. En estos casos no es aconsejable que te crees expectativas de ningún tipo, ya que, en ese caso, lo único que conseguirás será que tu miedo aumente y, por tanto, tendrás una menor fortaleza mental para soportar los horrores a los que te sometan.

– La verdad es que eso tampoco me anima demasiado ni reduce mis miedos precisamente. No sé cuánto tiempo llevo en esta celda y la incertidumbre me está matando.

– Eso es sólo el principio, querido amigo –comentó Frederic con voz cansada-. Eso es sólo el principio.

Acto seguido, Frederic pareció dejar de querer hablar y, en unos minutos, se quedó completamente dormido. La conversación con él no había animado mucho a George. Ahora sabía que lo que le esperaba era tan espantoso como había imaginado, y la prueba de ello la tenía ante sí: un hombre magullado, cansado física y psíquicamente, con moratones y heridas por todo el cuerpo… Seguro que tenía muchas más lesiones, pero la oscuridad que reinaba en la celda no hacía posible su localización y escrutinio.
Un par de horas más tarde el guardia regresó de nuevo con la misma orquesta de sonidos tras de sí y se llevó a Frederic, no sin antes dirigirse a George con unas palabras que le resultaron desalentadoras:

– Prepárate, hijo de puta, que pronto será tu turno. Vas a sufrir lo indecible por haber traicionado a la patria.

– No os tengo miedo –dijo George armándose de valor.

– No pensarás lo mismo cuando te hayamos jodido bien –espetó el guardia, reduciendo con ello la bravuconería de George.

Seguidamente, dio un nuevo portazo y, tras cerrar la puerta con llave, se pudieron escuchar sus pasos alejándose por el pasillo que George había imaginado que debía haber fuera de la celda. Los pasos eran acompañados por los insultos de Frederic, quién se resistió a salir de la celda agitándose con fuerza pero, al ver que no podía luchar contra la inmensa fuerza del guardia, se resignó a dejar clara su postura únicamente mediante esos improperios que salían de su boca.
El terror se había apoderado definitivamente de George y empezaba a no encontrar sentido a la lucha que había emprendido hacía ahora dos años. No entendía cómo había podido sacrificar tanto por algo que ahora parecía que quedaría en nada con la llegada de su muerte. En este mar de dudas y arrepentimientos, decidió echarse a dormir. No sabía si era de noche, pero lo cierto es que su cuerpo estaba agotado después de tanta agitación emocional y necesitaba un descanso.
Durante su reposo, un tremendo golpe en las costillas, en lugar de la habitual orquesta de sonidos que acompañaba siempre la llegada del guardia, despertó a George con la venida de una nueva visita. Cuando pudo incorporarse un poco y su visión dejó de ser borrosa, y aún con un dolor punzante en sus costillas, contempló que el guardia habitual venía ahora acompañado por otro que vestía un uniforme algo distinto. Dedujo que había llegado su hora, que no había vuelta atrás, que sus peores pesadillas se hacían realidad y que la muerte se abría camino hacia él para atraparlo y conducirlo a las tinieblas.

Continuará

 

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  1. Laura R.G. says:

    Felicidades ;). Me alegro de que te hayas decidido. Un beso.

  2. Raúl (Administrador) says:

    Respuesta a Laura R.G.: muchas gracias por tus felicitaciones y, sobre todo, por haberme animado a publicar por aquí este relato, ya que, como sabes, me daba bastante pudor hacerlo. No obstante, espero que todo aquel que se anime a leerlo tenga en cuenta que es mi primer relato y que aún me queda TODO por mejorar.
    En fin, espero que el relato suscite más comentarios porque creo que éstos pueden ser fundamentales para seguir aprendiendo y para sabér qué aspectos concretos tengo que mejorar y cuáles son mis “puntos fuertes”.
    Besos.

  3. Raúl (Administrador) says:

    Respuesta a Laura: ¡¡¡muchísimas gracias!!! No sabes cuánto me alegra que te haya gustado. Asímismo me alegra enormemente que sigas entrando en el blog y participando en él (creo que nunca dejaré de estar agradecido a todos aquellos que, como tú, entran en el blog y, en ocasiones, dejan sus comentarios). Y no te preocupes que sabrás lo que le pasa a George. Ya tengo escrita la segunda y última parte del relato y la voy a publicar por aquí la semana que viene, así que espero tus comentarios (tanto para bien como para mal, que hay que seguir aprendiendo y puliendo el estilo).
    Muchas gracias una vez más.
    Besos.

  4. Laura says:

    Rau! He leido el relato y me ha gustado muchisimo, pero me he enterado luego que es tuyo! Así que me gusta el doble!! 😛 Eso sí, no me sorprende nada que seas capaz de escribir asi, porque como todos sabemos eres una maquina!! Te animo a que sigas escribiendo que quiero saber que pasa con George! Un besazo!

  5. El Hispano says:

    Kiyo pisha en serio, yo iba y lo registraba como obra!… de putisima madre si señor!! Vaya los webos del George xaval! Aunque me gusta mas frederic, por ser mas radical, tal y como lo describe.

    Y ahora voy a seguir con la segunda parte pisha!

  6. Raúl (Administrador) says:

    Respuesta a El Hispano: muchas gracias, aunque sinceramente creo que es excesivo calificarlo como obra.
    En cuanto a los personajes, ya sabía yo que George era demasido moderado para tí… Sabiendo como eres tú me imaginaba que te gustaría más Frederic.
    Pues nada, espero que disfrutes con la segunda parte.
    Saludos.