“LA SOMBRA”

Escrito: 21 abril 2018 por Raúl (Administrador)
Etiquetas: ,

Aquella tarde Marcelo estaba ansioso por terminar. Se encontraba colocando, con gran diligencia, la última herradura a uno de sus caballos, cuando hizo acto de presencia en el establo su sobrino, ese al que todos tildaban de ser un bicho raro.

—¿Qué haces, tío? —preguntó el chico con timidez.

—¿A ti qué te parece, Jorge? A veces tienes preguntas de extraterrestre —respondió el hombre con cierto desdén.

La inesperada respuesta de su tío no minó la moral de Jorge, quien acababa de leer una historia fascinante que estaba deseando contar.

—No te vas a creer lo que acabo de leer en Internet.

—A ver, sorpréndeme —soltó Marcelo con indiferencia sin interrumpir su quehacer—. Pero date prisa que estoy ocupado.

Estaba deseando terminar su labor para ir al lupanar, no podía pensar en otra cosa que en librarse de su pesada libido, pero ahí estaba su sobrino para incordiarlo con sus pedanterías.

—Unos hablan del fin del mundo —comenzó a explicar el joven no sin cierta emoción—, otros de fenómeno meteorológico, otros de la llegada de un nuevo mesías. Dependiendo de la fuente, dicen una cosa u otra.

—No des tantos rodeos, sobrino, que pareces una abeja de flor en flor. Ve al grano que no tengo todo el día —conminó Marcelo con la esperanza de que el chico terminara pronto su historia.

—Vale, tío —dijo mientras resoplaba algo disgustado—. El caso —continuó Jorge—, es que una gran sombra se ha cernido sobre diferentes puntos del planeta oscureciendo hasta el último de sus rincones, resultando imposible vislumbrar el horizonte incluso desde el rascacielos más alto o la pirámide más majestuosa.

—¿Y? —dijo lacónico mientras colocaba el último clavo de la herradura.

—¿Cómo que y? —soltó incrédulo el joven—. Mucha gente está entrando en pánico y abandonando sus casas en busca de lugares que no estén cubiertos por la sombra. No sé, supongo que lo ven como una amenaza, temen alguna clase de ataque.

—Paparruchas. Créeme, seguro que hay una explicación menos alarmista para todo esto —dijo con seguridad mientras soltaba el martillo y se limpiaba las manos con un trapo algo sucio.

En ese preciso instante, la luz natural que entraba por las ventanas del establo se redujo de golpe y comenzaron a oírse numerosas explosiones cuya intensidad iba en aumento, como si algo aterrador se acercara sin remedio. Marcelo y Jorge, trémulos, se dirigieron una última mirada antes de que uno de los estruendos cayera directo sobre ellos. El terror reflejado en sus ojos, parecía confirmar lo que ambos pensaban justo antes de que desaparecieran sin dejar rastro.

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir con un amigo