BUSCANDO EL SILENCIO

Escrito: 20 diciembre 2017 por Raúl (Administrador)
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Antes de escribir habría que pensar en lo que se escribe o se va a escribir. También se puede no pensar y escribir lo que sea que te venga a la cabeza…no sé, pero lo que sí es seguro es que se necesita, al menos yo lo necesito, concentración y silencio absolutos (o casi absolutos). Y no ya porque sea necesario para organizar las ideas que quieres ir reflejando, que también, sino porque es importante no tener ninguna interrupción para favorecer que el que escribe quede absorto en la propia labor de la escritura. Evidentemente, no es fácil encontrar ese momento de sosiego, de calma, de silencio, que tan necesario resulta para la labor de la narración escrita. Uno se pelea con el mundo para buscar ese momento y, aun así, siempre pueden surgir distractores que resultan bien difíciles de controlar: una bocina de un coche, un grito de un niño que juega, un portazo de alguien que sale o entra, etc. Infinidad de distractores que suponen un claro óbice para la libre fluidez de la palabra escrita. Y es frustrante si no lo logras, es frustrante cuando sabes que tienes en la cabeza una buena idea, una bonita y perfecta frase, pero hay algo que interfiere hasta anularla e impedir que salga de tu cabeza, donde permanecerá de manera indefinida hasta que una preciosa musa llegue para liberarla de esas frías cadenas que la mantienen atada a tan tóxico panorama cognitivo (mi mente, a veces, resulta ciertamente tóxico, siento decirlo -tengo la sensación de que ésta no es la primera vez que lo digo-).


Por esto, y a veces también por pereza (debo reconocerlo), pospongo una y otra vez el momento de la escritura semanal. Primeramente, siempre trato de abordar la escritura en el primer momento de la mañana. Me despierto y, en cuanto tengo energía suficiente para abrir los ojos sin ver borroso, estiro mi mano en busca del móvil que siempre está intencionadamente colocado en la mesita de noche. Ese suele ser el mejor momento del día para escribir: cuando todos aún duermen, cuando el único ruido que por la ventana entra es el del leve canto de los pájaros que comienzan a despertar al amanecer. Es ahí cuando mejor fluyen las ideas, cuando mejores resultados obtengo con lo escrito. Pero no siempre tengo oportunidad de escribir en ese momento, por lo que a veces tengo que buscar cualquier otro en el día para hacerlo. Y es ahí cuando mayores problemas tengo con la contaminación acústica.
Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que, independientemente del ruido y de los distractores, si no hay una buena idea de base ni una buena estructura que garantice un desarrollo coherente a la par que estéticamente bello, elegante, lo escrito carecerá por completo de la calidad mínima necesaria como para considerarlo un texto digno de ser leído. Pero ese, no obstante, es otro tema sobre el que ya habrá tiempo de hablar.

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