EN HORAS BAJAS

Escrito: 28 octubre 2017 por Raúl (Administrador)
Etiquetas:

¿Qué hago yo aquí?

Esta misma pregunta me la he realizado muchas veces en el pasado, pero jamás con la intensidad de ahora. Antes, siempre lograba desviar mi atención ante esa duda que automáticamente asaltaba mi cabeza con cierta asiduidad. Ahora, en cambio, la duda me asaltó hace semanas y, como si de un atraco se tratase, parece que he levantado las manos rindiéndome, sumiso, ante una realidad que siempre ha estado presente. No he logrado desviar mi atención y esa realidad, antes tácita, silenciosa, parece haberse transformado en un monstruo gigante que me acompaña todo el día a voz en grito. Y lo cierto es que comienza a ser ensordecedor, estridente, encontrándome con que sus ominosos alaridos me hacen deambular trémulo cada mañana camino al trabajo. Porque es un trabajo que no quiero, es un trabajo que nunca he querido. Y está bien, es humilde y necesaria, la actitud de “hago lo que haga falta porque necesito el dinero, no se me caerán los anillos por hacer esto o por hacer lo otro”, pero no menos importante es la nueva actitud que está creciendo en mi de la mano de ese monstruo gritón. Actitud de orgullo, de ambición, actitud de “yo valgo para hacer mucho más que esto”, actitud para reconocer y afirmar que no me gusta ni quiero seguir haciendo lo que hago. Porque ya está bien de pensar que la fortaleza de uno reside en hacer aquello que puede causarte renuencia aunque eso suponga no darte el valor que mereces. La fortaleza, la valentía, la audacia, reside en perseguir tus metas, en lograr lo que realmente quieras lograr, en hacer lo que realmente quieras hacer, y en desempeñar una labor que sea verdaderamente gratificante y esté a tu nivel.

¿Qué hago yo haciendo esto?

Esa es una pregunta que antes no debía permitirme, porque quería mostrar que podía con todo, porque pensaba que reconocer que no quería eso era mostrar debilidad, falta de valor. Ahora, y es ahí donde viene lo positivo de esta crisis laboral que está hundiendo mi autoestima profesional en un profundo barrizal, he dado rienda suelta a mis dudas, reconociendo abiertamente que no deseo hacer lo que hago y estableciéndome metas para recomponerme y hacer resurgir más fuerte que nunca mi autoconcepto laboral.
Oposiciones, ascensos y mandar currículums a empresas donde podré desarrollar un trabajo que verdaderamente me guste y apasione, ese es el abanico. Porque sí, porque cada día sigo conociéndome y, tras varios meses de análisis, he llegado a la conclusión de que vivo mis emociones con tal intensidad que sólo puedo encontrar la felicidad en las cosas que me apasionan y enriquecen, y siento decirlo pero en mi ámbito laboral actual nada hay que despierte en mi dicha pasión ni me enriquezca en la medida que yo necesito.
Teniéndolo todo así de claro confío enormemente en que podré poner en marcha este plan de mejora y salir, por fin, de esta crisis en la que llevo sumido tantas y tantas semanas. Lo lograré, no sé si pronto o tarde, pero lo lograré.

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir con un amigo

*