HERIDAS

Escrito: 23 septiembre 2017 por Raúl (Administrador)
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Hay heridas que nunca cierran, heridas con las que tienes que aprender a vivir.

El instinto animal te lleva a lamerte las heridas con el fin último de lograr que se cierren y dejen de escocer. La parte más instintiva del cerebro busca evitar el dolor a toda costa, te manda mensajes constantes de amenaza para que huyas de ese dolor, para que actúes y sanes la herida, para que la cierres. Y claro, tú no puedes hacer otra cosa que obedecerlo, hacer lo que te dicta. Uno se empeña día a día en evitar el dolor y se lamenta por tener que sufrir cada día tan pesada carga. ¿Por qué me tiene que pasar esto?, ¿cuándo lo superaré?, ¿cuándo dejaré de pasarlo mal?

El tiempo, te da una lección bien diferente a la que te muestra inicialmente la parte más animal del cerebro. El tiempo, junto a la parte más racional y reflexiva de la naturaleza humana, te ayuda a comprender que a veces, solo a veces, superar algo no es anular el dolor o cerrar la herida, sino aprender a vivir con ella. Porque hay heridas, dolores, que nunca cierran, que nunca cesan, que formarán parte de ti para el resto de tu vida y que, junto a otras experiencias y rasgos, conformarán tu manera de ser, de percibir e interpretar el mundo que te rodea. Esa es una de las grandezas de la vida, y una vez la aprendes y dejas de empeñarte en luchar contra ciertos fantasmas de tu pasado, es cuando mayor paz adquieres, es cuando te reconcilias contigo mismo y ya, por fin, puedes seguir tu camino sin dudar, sin mirar atrás, sabedor de que la herida seguirá doliendo pero que, en modo alguno, ello será óbice para seguir disfrutando de los pequeños placeres de la vida.

Y es que…hay heridas que nunca cierran, heridas con las que tienes que aprender a vivir.

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